Ya es bien conocido el concepto de estereotipos de género: ideas simplificadoras, apresuradas y erróneas que se pronuncian de manera categórica acerca de los rasgos, conductas y actitudes que definen a varones y mujeres. Es decir, responden a lo que culturalmente se espera de varones y mujeres. En el contexto actual parece una postura antigua, perimida. Lamentablemente, no lo es en absoluto. Son mandatos de siglos, muy difíciles de erradicar.

Distintas investigaciones muestran con claridad que las personas sexualmente inteligentes están menos limitadas por los roles tradicionales: liberarse de estos tópicos sobre los sexos, es decir, cultivar los aspectos “masculinos” y “femeninos” de nuestra personalidad conlleva beneficios de orden psicológico. ¿Por qué? Al parecer, quienes lo hacen, tienen mayor autoestima y confianza en sí mismas. Son hombres que se sienten más cómodos cuando intentan acercarse a una mujer que les gusta y cuando hacen el amor con ella. Y, tanto hombres como mujeres, tienen actitudes más positivas y más liberales hacia el sexo que las personas que se atienen a la tipificación de los géneros, por lo cual es más probable que alcancen una mayor satisfacción sexual.

Por el contrario, las personas muy típicas -hombres muy “machos” y mujeres “ultrafemeninas”- tienden a desarrollar ideas rígidas y convencionales acerca de lo que es un comportamiento apropiado en el sexo, lo cual puede ser un obstáculo para su disfrute sexual. En cambio, las que no están atadas a estas cuestiones, son capaces de aceptar mejor cualquier sentimiento y conducta que afloren en su interior o en su pareja. Y están más cómodas siendo francas y honestas al expresar sus inclinaciones. Consecuentemente suelen sentirse más afirmadas en sí mismas en las relaciones sexuales, más relajadas y felices. Y, en el caso de las mujeres, es menos probable que tengan dificultades para llegar al orgasmo.

Menos violencia

Un dato muy notable es que las parejas que no están sujetas a los roles de género socialmente esperados, tienen menos posibilidades de caer en conflictos violentos. En un estudio llevado a cabo a finales de los 90, los psicólogos Amy Ray y Steven Gold (Universidad Northern Illinois en DeKalb), midieron el grado en que parejas de novios se atenían a los roles tradicionales, y la influencia que tenía en sus relaciones.

Ray y Gold constataron que la agresividad era más acentuada en aquellas en las que la mujer era “hiperfemenina” y/o el hombre “hipermasculino”: tenían discusiones más enconadas, eran más propensas a gritarse, insultarse y utilizar palabras ofensivas. Ellos abusaban del alcohol con más frecuencia, y solían sentir que eran tratados con desconsideración, algo que parecía inducirlos a agredir verbal o físicamente a su pareja. A su vez, ellas percibían que su autoestima resultaba menoscabada en su noviazgo, lo que las llevaba a replicar con agresiones verbales. Otros estudios apoyan la conclusión de que los hombres típicos son más proclives a maltratar a su pareja femenina.

Finalmente, las investigaciones también han constatado que las personas más liberadas de los estereotipos son más cariñosas que los hombres y mujeres convencionales, y que se comunican mejor. Rasgos que resultan de muy buen pronóstico para cualquier pareja.